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16/11/2009

MANIFIESTO DEL CREALISMO

   MANIFIESTO DEL CREALISMO


Ocho puntos para un infinito en pie.



1. En el corazón de lo real actúa una creación continua, material y espiritual.
“El mundo es/debe ser mi creación” es la ética diferencial de los sujetos singulares.
Verdad cuyo evento ínter-relacional no cesa de surgir aquí y allá a través de la
Historia. Verdad a menudo olvidada frente a las humillaciones desalentadoras del
“mundo como va” y de los “humanos como son”. El crealismo no es un antropocentrismo
que separaría artificialmente una naturaleza-objeto de un humano-dueño y posesor.
Hay complicidades y afinidades activas entre el caosmos y aquel que se hace digno de
escucharlo y obrarlo.



2. El capitalismo altera al mundo y empuja a los humanos a desear alterar su cuerpo
y su alma según estandartes ansiogénicos. Se trata de aspirar (tantos otros lo
clamaron mejor antes que yo) a una alteridad diferencial en acto, una ética amorosa,
política, erótica, estética, cósmica, profesional hecha de ascesis aventurada y de
tentativa heroica de no amonedar sus éxtasis. La estancia contra el nihilismo
hypnagógico pasa por una exigencia aparentemente megalomaníaca de
descondicionamiento en devenir, una política po(i)ética que intenta devolver a la
imaginación deseante, a la ideación voluntaria y generosa, al esfuerzo de invención
y de apoyo de estructuras nuevas, sus letras de nobleza en el tema de la
existencia.

3. Por supuesto, en la escala in-dividual, los resultados no son a menudo
espectaculares. El crealismo es una autodisciplina a veces ascética en un mundo
donde las complicidades duraderas son escasas (la envidia competitiva ha colonizado
todas las esferas, incluso donde la tradición menos la esperaba), los frecuentes
obstáculos fríos (idiotez e indiferencia) y los pozos de melancolía omnipresentes.
Pero el crealismo también es un éxtasis sensible y mental, una fuente y una
manifestación de alegría.

4. El crealismo plantea la primacía de la creatividad en el corazón del ser, y
lejos de estar dispuesto sólo a las disciplinas artísticas, se trata de la dinámica
de extensión de territorios vivos, una praxis ensayable y colectiva de la
singularidad. Bajo esa acepción, lo Creal es un brotar imprevisible, un telar vivo
de interrelaciones con vocación no-determinista, mientras que lo Real es su abono
compuesto, su marco automatizado.


5. Para los que creen en « Dios », el crealismo llega a suponer que Él no esta
fijado de una vez por todas. Su identidad cambia sin cesar a medida de su
co-creación con sus criaturas. El universo es una partición musical en constante
(re)composición, al hilo del cual las improvisaciones siempre son posibles. Somos
todos más o menos divinos según los momentos de nuestra vida, a veces durmientes
ávidos, a veces actores y sensores de lo Creal. El acceso al diálogo lúcido con las
fuerzas amantes del mundo es más fácil cuando el sujeto tiene una cierta ascesis
antimimética y domina sus pulsiones de consumo y de regresión, al precio de un
esfuerzo de renunciamiento a los (dis)gustos pavlovianos. No es fácil, porque el
totalitarismo del consumo y del fango nos moviliza sin cesar, excitando nuestras
neuronas cansadas de sus mensajes en apariencia contradictórios (falsa libertad de
elección entre el higienismo y el pipicaca). Cada día, el sistema capitalista gasta
sumas inmensas para debilitarnos. Pero por suerte, aún los débiles son mentales…

6. Contra las castraciones de los siniestros despreciadores del vuelo, contra la
colonización de lo íntimo por imperativos publicitarios duplicitarios, los
crealistas siempre fueron relativos sacrificadores de la comodidad estandarte
(cierto lujo les es, sin embargo, esencial). Fueron los filtros del ser, de los
altos-parlantes, refinadores del caos. Sigamos su ejemplo, o aguantemos más y más
las consecuencias esquizonevróticas de un mundo que se ha vuelto estancado por
nuestro abandono o nuestra colaboración con la miseria mercantil, la morosa
emulación simuladora, la sumisión al dinero que confundimos, como lo escribía Marx,
con el prójimo. Actuar o sufrir la vergüenza cotidiana que intentan infligirnos los
soldados (tanto mujeres como hombres) de la sociedad de clases. Volverse
brujo/zahorí de las formas, de las intensidades y de las coincidencias, en vez de
aceptar la banalidad de los códigos de una época saturada de callejones sin salida.


7. Una situación de borboteo amoroso, de sincronicidades, un deseo de justicia que
va más allá de las reivindicaciones salariales, un hermoso torneo sin hipocresías
entre adversarios nobles. Todo menos la pusilanimidad de los arranques atrofiados,
el embrutecimiento de los estímulos y la idiotez hambrienta, llorona, burlona,
fatalista. La Historia acaso será triste? Deleuze decía : « La historia apenas
designa el conjunto de condiciones tan recientes sean, de las cuales uno se aparta
para « devenir », es decir para crear algo nuevo ».

8. El crealismo es una política de lo Real como co-creación en devenir, donde el
sujeto coherente-activo ocupa un lugar co-central con el armonio cósmico, donde la
imaginación, la pasión, la voluntad, el arte, el deseo, el amor vuelven a definir
sin cesar, en el presente y en acto, las condiciones de posibilidad de una vida
desalienada, de una existencia libre.

10:17 Publié dans philosophie | Lien permanent | Commentaires (0) | Tags : crealismo | |  Facebook | |  Imprimer